Desde el año pasado los viajes pasaron a ser parte de mi trabajo y de mi vida también. Empecé a vivir una dinámica en la que cada dos meses estoy arriba de un avión hacia un nuevo destino.
Les diría que los incorporé a una rutina que cambiaron por completo mi vida y la enriquecieron en todo sentido.
He estado en hosterías, hoteles boutique, resorts, casas de campo, posadas, glampings, wine lodges… Cada uno con su estilo pero con un denominador común: el lujo silencioso que, para mi, hoy lleva el nombre de hospitalidad.
Me gustan los hoteles chicos, los que te contienen y te hacen sentir como si fueras el único huésped y eso, tanto en Salta como en Jujuy, estuvo presente todo el tiempo con el arte de la hospitalidad sincera y discreta, puesta al servicio de sus visitantes.
Llegué a la conclusión de que hay hoteles que te alojan y hay otros que, sin darte cuenta, te hacen sentir en casa.
Esos son precisamente los que más me gustan, porque me hacen sentir que no estoy de paso. Sentirme en casa cuando viajo es como una caricia al alma y hay lugares que ponen los mejores esfuerzos para que no te sientas una huésped más, sino parte del lugar aunque sea la primera vez que vas.
No sé como traducirlo en palabras, pero hay una energía especial en la que los espacios están presentes sin animo de impresionar, ni hay puestas en escena para deslumbrar. Todo lo contrario, hay calma, hay tiempo, hay vida de hogar, pero por sobre todo, hay una forma de estar que no exige nada.
De eso se trata para mi, lo que enseño hace tantos años: el arte de lo cotidiano; el arte de disfrutar de cada espacio para hacerlos tuyos por un ratito porque todo esta dispuesto para que así sea.
Ahí es cuando me convenzo que sentirme en casa no tiene que ver con lo conocido, con mis aromas, mi almohada, mis sábanas y mis sabores, sino con lo que no te exige que seas otra cosa.
De eso se trata el arte de la hospitalidad y hoy en día es un servicio que te cambia la experiencia por completo.
Empieza por las sensaciones: lo que ves, lo que hueles, lo que escuchas y lo que percibís a flor de piel en el ambiente y sigue inmediatamente con el trato humano. Uno puede estar en un lugar 20 estrellas, pero si una situación te hizo sentir fuera de lugar, es probable que ese lugar no sea parte de tu próxima elección.
Mis hospedajes en este viaje fueron un wine lodge, emplazado en medio de un viñedo y al pie de los Valles calchaquíes, un Relais and Chateau en las afueras de Salta, un hotel y Spa en Purmamarca, luxury Glamping en Salinas grande y por ultimo un hotel urbano para dar mi charla.
Diferentes entre sí pero con una misma misión: transformar tu estadía en una experiencia casi como un relato.
Un lugar que se siente hogar es aquel del que no te queres ir, donde el tiempo se dilata regalándote la sensación de haber estado el doble de tiempo cuando apenas pasaron algunas horas.
Y de repente no te dan ganas de irte porque valoras no solo como te hicieron sentir sino porque te hicieron sentir como en casa.
Gracias a Travel Services por la organización de este viaje y por el cuidado puesto en cada detalle. Si están pensando en vivir una experiencia similar, pueden hacer su consulta por WhatsApp al +5491157207452, desde este enlace directo: https://wa.link/k3pcpl, o a través de la cuenta de Instagram @tailormadebytravelservices.


