Hoy me desperté descansada.
Tener que atrasar el reloj tres horas altera levemente mi reloj biológico. Nada mejor que llegar a un Resort para esto.
Costa Rica propone regalos encubiertos y uno de ellos, en mi experiencia, es la regulación natural del propio sistema nervioso.
Si tuviera que definirlo en palabras actuales, diría que te resetea.
El clima tropical es estable, el ritmo es aletargado y hay una alta percepción de felicidad social.
Todo se ve bien, alineado, limpio y ordenado.
La gente es amable, cordial, atenta. Te miran a los ojos cuando te hablan, te sonríen… Es posible que estén entrenados para lo que es su principal actividad, la turística, pero eso no sucede en otras ciudades con intereses turísticos semejantes.
Presiento que la naturaleza es la responsable; su presencia es constante y dominante.
Es un destino espiritual natural donde el silencio es selvático y el ritmo pareciera transcurrir en cámara lenta.
Un territorio que invita a escuchar y a escucharse.
A escuchar su vasta naturaleza y a escuchar la propia también.
Hay una cantidad de cosas afines a la naturaleza humana en general y hay otras que son propias y es importante reconocerlas para vivir en armonía con uno mismo.
Empecé el día con una clase de yoga.
La conexión con el cuerpo, su cuidado y el ánimo de mimarlo siempre que puedo aunque sea con una siesta reparadora, es prioridad en mi vida.
La clase y el entorno fueron perfectos.
Respirar y estirar cada parte del cuerpo como si fuera un elástico me da vitalidad.
Para este entonces ya me había agendado también un masaje, de esos que te embadurnan de pies a cabeza en un ungüento caliente de oliva, miel y naranja .
Ochenta minutos entregada al relax en una cabaña al aire libre sin paredes….
Y para completar la trilogía, terminé sumergida en las aguas termales del hotel, al pie del volcán Arenal.
Todas experiencias que conectan cuerpo, mente y alma.
Viví cada momento con presencia y disfrute pleno. Nadie me corría, nada me apuraba. Durante la clase de yoga mi cuerpo estaba allí y mi cabeza también.
Ese es el secreto de hacer las cosas a conciencia; cuando la mente acompaña el instante, el instante se hace eterno y el dominio del tiempo se hace propio.
Cuando cada instante es consciente y la respiración acompaña, podríamos decir que estamos en una meditación profunda, lo que se conoce como meditación activa.
Me pasa mucho mientras cocino.
Para sentir que uno realmente está haciendo algo, todo nuestro ser se debe alinear para vivir el aquí y el ahora sincronizadamente.
Almorcé liviano, en bata, al lado de las termas… disfrutando del ruido de sus cascadas, rodeada de flores exóticas, carnosas, sofisticadas, con presencia.
La naturaleza en Costa Rica no es discreta y hace alarde de su belleza en todas sus dimensiones sensoriales.
Me dediqué a observar, escuchar y oler todo lo que tenía a mi alrededor con detenimiento.
Saqué fotos, muchas fotos; pero para conectar.
Busqué diferentes ángulos, hice distintas tomas y cuando les hacia zoom, podía observar la perfección pura de cada detalle. Nada es casual en la naturaleza.
Terminé el dia con un recorrido por puentes colgantes con avistamiento de flora y fauna autóctonas.
Doce mil pasos marcó el contador de pasos de mi celular.
Fueron tres horas caminando, descubriendo, sintiendo y entrenando el ojo para encontrar a quienes entre ramas y hojas se camuflan para vivir con disimulo.
Allí están, cada uno cumpliendo su función; viviendo y sobreviviendo pero sin molestar a nadie. Por momentos sentía que los invadía, que invadía su hábitat y caminaba con un silencio respetuoso queriendo imitarlos en su discreción.
Y cuando se hizo la noche y los pájaros cedieron su canto a las ranas y los grillos, me sentí indefensa. La naturaleza acá te deja bien claro quien manda y quien domina…
Costa Rica te asegura un encuentro seguro con la naturaleza viva y con tu propia naturaleza a la vez.
Disfrutar, comer sano, ejercitar, regalarme un mimo, conectar con lo esencial, respirar profundo, caminar, mover el cuerpo y relajarme, son formas de auto cuidado.
Cosas que me hacen bien.
Que me afirman que el dia valió realmente la pena y que la vida de cada uno está hecha de esos momentos de conexión verdadera con uno mismo.


